De la ansiedad a la alimentación

De la ansiedad a la alimentación

Top Doctors
Escrito por: La redacción de Top Doctors
Editado por: TOP DOCTORS® el 11/06/2019

Separar la alimentación del mundo emocional resulta imposible, como puede verse en la costumbre de picar entre horas o en los atracones compulsivos. Aunque el ser humano necesita ingerir nutrientes para gozar de una buena salud, a menudo puede estar comiendo llevado por la ansiedad u otro componente emocional.

 

Síntomas de comer por ansiedad

Al analizar los síntomas de pacientes en la consulta del nutricionista que frecuentemente comen por un motivo emocional, se puede observar:

  • Picoteo: sirve para llenar un vacío, para llenar la mente con una actividad placentera.
  • Compulsiones alimentarias: suelen ser gratificaciones que sustituyen al placer y a la culpa en relación a su esfera emocional.
  • Crisis bulímicas: están destinadas a llenar un vacío sin fondo, sin hambre ni placer debido a una tensión interna.
  • Depresión: cuando ante experiencias dolorosas como una pérdida no se pasan con el duelo necesario, los sentimientos de ansiedad y tristeza pueden instalarse en un comportamiento alimentario.
Comer por ansiedad puede ser perjudicial para la salud

La respuesta a la ingesta por ansiedad

La respuesta del paciente a estos procesos de ingesta de alimentos por ansiedad variará en función de las características internas del propio paciente (su capacidad de afrontar la realidad, la prioridad del principio de placer, sus fijaciones o su capacidad para relativizar), así como de su entorno (la abundancia y accesibilidad de estos alimentos). Así, el paciente puede reaccionar dejando de comer o por el contrario comiendo indiscriminadamente, comprometiendo en ambos casos su equilibrio biológico y su salud.

 

El equilibrio biológico y la homeostasis

El cuerpo humano está compuesto por elementos que necesitan unas condiciones estables para funcionar eficazmente: el mantenimiento de estas condiciones estables es lo que garantiza y se consigue gracias a la homeostasis.

El organismo está en homeostasis cuando tiene la composición óptima de gases, elementos nutritivos, agua e iones, además de una temperatura ideal y un volumen correcto para la salud de sus células.

 

El estrés altera la homeostasis

El estrés puede surgir de un medio externo a través de estímulos como los ruidos, calor o falta de oxígeno en ambientes muy cargados; o también puede originarse en el interior del individuo, por ejemplo por niveles bajos de glucosa, dolores o pensamientos desagradables y angustiosos. Cuando la homeostasis se altera lo suficiente para que dicha alteración sea irreversible o de larga duración, pueden aparecer disfunciones y enfermedades. Entonces, es fundamental el aporte regular de nutrientes al organismo para mantener la homestasia, siendo necesario administrar los distintos grupos de alimentos. Será el equilibrio y la interacción del sistema endocrino y el sistema nervioso lo que garantizará la homeostasis.

 

Consecuencias de una mala alimentación

Una mala alimentación puede llevar a estados de malnutrición por la carencia de nutrientes por ejemplo al no comer suficientes verduras, frutas o lácteos, o también por ingerir grandes cantidades de determinados elementos como grasas, bollería o alcohol. Además, el propio estrés se verá afectado por la mala alimentación, produciendo un mayor número de radicales libres.

 

Los antioxidantes, protección del organismo

Los radicales libres se forman dentro del proceso de metabolismo pero se incrementan con determinados factores como el consumo de algunos fármacos, la contaminación o el alcohol. Son moléculas muy inestables que tienden a reaccionar dañando los átomos y moléculas de su entorno. Las células que más suelen dañar son las proteínas, los lípidos de la membrana celular y el ADN. El organismo utiliza sustancias antioxidantes para protegerse de los ataques:

  • Enzimas antioxidantes: magnesio, selenio, enzimas que contienen hierro, zinc y cobre
  • Nutrientes antioxidantes: vitamina C, vitamina E, B-caroteno
  • Alimentos con más antioxidantes: vegetales de hoja verde oscura, zanahorias, frutos cítricos, pimientos verdes, fresas, col roja, nueces, avellanas, semillas y aceite de pescado

La persona con un trastorno alimenticio o un episodio de estrés deberá enfocar su alimentación tratando de aportar la energía necesaria y conseguir los nutrientes que le faltan en mayor cantidad al haber una mayor demanda. Y es que de una alimentación adecuada dependerá también el funcionamiento de las neuronas.

 

El efecto del estrés y la alimentación en los neurotransmisores

Los neurotransmisores son sustancias químicas en el interior de las neuronas, y mediante su interconexión dan lugar a distintas funciones como el sueño, el habla, la memoria, el humor o el apetito. Concretamente, la serotonina interviene en los comportamientos alimentarios y en los estados ansioso-depresivos.

Así, a través de los alimentos ingeridos se consiguen las sustancias necesarias para controlar el estado anímico. El Triptófano aparece en la sangre tras la digestión y absorción de las proteínas en el intestino. Entonces, el triptófano que llegará al cerebro es la proporción entre las proteínas y carbohidratos en sangre para su posterior síntesis de serotonina.

Por lo tanto, un aumento en la dieta de Triptófano aumentaría la cantidad de serotonina en el Sistema Nervioso Central, consiguiendo así mejorar el estado anímico y el humor, disminuyendo el apetito y favoreciendo el descanso.

 

El estrés y depresión ¿Origen químico o psicológico?

La complejidad del ser humano hace que no se pueda ignorar ninguna de las dos vertientes, y se debe buscar qué le ocurre al individuo, dónde y cuándo empezó el malestar. Equilibrar la alimentación desde un punto de vista global, teniendo en cuenta la composición de los alimentos, pero también la textura, sabor, olor y color de los mismos, para suplementar los nutrientes que afectan al proceso emocional en un paciente deprimido, con ansiedad o desmotivado, en un marco de escuchar a la persona, más allá del paciente.

Nutrición y Dietética