“No necesito un psicólogo”: ¿por qué tantos adolescentes se resisten a ir a terapia?

“Yo estoy bien”, “no necesito un psicólogo”, “no tengo nada que decir” o simplemente “no quiero ir”. Estas son algunas de las respuestas que pueden escuchar los padres cuando intentan proponer una consulta psicológica para sus hijos adolescentes.


La resistencia a acudir a terapia no necesariamente significa que el adolescente no necesite apoyo. Durante esta etapa ocurren importantes cambios emocionales, sociales y personales, mientras aumenta la necesidad de autonomía, privacidad e independencia. Para algunos adolescentes, aceptar que necesitan ayuda puede sentirse como admitir que existe un problema que no pueden resolver por sí mismos.


Además, los problemas de salud mental durante la adolescencia son más frecuentes de lo que podría parecer. La Organización Mundial de la Salud estima que uno de cada siete adolescentes de 10 a 19 años presenta algún trastorno mental, mientras que muchos casos permanecen sin identificar o sin tratamiento.

¿Por qué un adolescente puede no querer ir al psicólogo?

Una de las razones puede ser el estigma. Algunos adolescentes todavía relacionan acudir al psicólogo con “estar mal”, “estar loco” o tener un problema grave. Esta percepción puede hacer que prefieran ocultar lo que sienten antes que pedir ayuda.


También puede existir miedo a ser juzgados. Un adolescente puede preguntarse qué pensará el psicólogo sobre su forma de vestir, sus amigos, sus relaciones, sus calificaciones, su familia o las decisiones que está tomando.


Otro aspecto fundamental es la confidencialidad. Es posible que el adolescente tema que todo lo que diga durante la consulta llegue inmediatamente a sus padres. La preocupación por la privacidad y por quién tendrá acceso a determinada información es una barrera reconocida para que los adolescentes busquen atención.


Por eso, generar un espacio en el que el adolescente se sienta escuchado, respetado y tomado en serio es una parte importante del proceso terapéutico.

“No quiero hablar con un desconocido”

Para algunos adolescentes, hablar sobre sus emociones con una persona que acaban de conocer puede resultar extraño. La terapia no consiste necesariamente en llegar al consultorio y contar inmediatamente todos los problemas personales.


La primera etapa puede estar orientada a conocerse, establecer confianza y comprender qué está ocurriendo. El psicólogo puede explorar diferentes aspectos de la vida del adolescente, como sus relaciones, escuela, familia, emociones, preocupaciones y situaciones que estén generando malestar.


La relación terapéutica necesita construirse progresivamente. La confianza es especialmente importante durante la adolescencia, etapa en la que sentirse escuchado sin recibir críticas o sermones puede marcar una diferencia en la disposición para hablar.

¿Cómo es una terapia psicológica para adolescentes?

No existe una única forma de hacer terapia con adolescentes. El proceso depende de la edad, las necesidades, el motivo de consulta y las características de cada persona.


Durante las sesiones pueden abordarse temas relacionados con Ansiedad, tristeza, Autoestima, relaciones familiares, problemas escolares, conflictos con amigos, cambios emocionales, duelo, estrés, identidad o dificultades de conducta, entre otros.


El objetivo no es simplemente conseguir que el adolescente “se porte mejor” o haga lo que los adultos esperan. La terapia puede convertirse en un espacio para comprender lo que siente, desarrollar herramientas para manejar sus emociones, resolver problemas y fortalecer sus recursos personales.


Las intervenciones para adolescentes pueden adaptarse a su edad y necesidades, y algunas también incluyen el trabajo con padres o cuidadores. La OMS y UNICEF recomiendan que los servicios de salud mental para niños y adolescentes sean apropiados para su edad y tengan en cuenta sus necesidades y preferencias.

¿Los padres deben obligarlo a ir?

Esta puede ser una de las situaciones más difíciles para una familia. Cuando existe una preocupación real por el bienestar del adolescente, los padres pueden sentir que deben convencerlo, insistir o incluso amenazarlo para conseguir que acuda a consulta.


Sin embargo, convertir la terapia en un castigo o una amenaza puede hacer que el adolescente la perciba como algo negativo desde el principio.

En lugar de decir “vas porque yo lo digo”, puede ser útil explicar por qué existe preocupación y permitir que el adolescente participe, en la medida de lo posible, en decisiones como la elección del profesional o la modalidad de las sesiones.


Esto no significa ignorar señales importantes. Si existen cambios significativos en el comportamiento, aislamiento, deterioro escolar, consumo de sustancias, autolesiones, pensamientos relacionados con la muerte u otras señales de riesgo, es importante buscar evaluación profesional aunque el adolescente inicialmente se resista.

¿Qué papel tienen los padres durante la terapia?

Los padres siguen teniendo un papel importante, aunque la terapia también necesita ofrecer al adolescente un espacio propio.


La manera en que los adultos reaccionan puede favorecer o dificultar que el adolescente hable. Escuchar sin interrumpir, evitar minimizar sus emociones y no convertir cada conversación en un interrogatorio puede ayudar a construir un ambiente de mayor confianza.


También es importante comprender que acompañar no significa resolver todos los problemas por el adolescente. Parte del proceso consiste en permitirle desarrollar herramientas de autonomía y toma de decisiones, siempre dentro de los límites necesarios para proteger su seguridad.

La terapia no tiene que empezar con un “quiero ir al psicólogo”

A veces, el primer paso no es conseguir que un adolescente diga que quiere ir a terapia. Puede comenzar simplemente por abrir una conversación diferente sobre lo que está viviendo.


Preguntar “¿cómo puedo ayudarte?” puede ser más útil que insistir en “¿qué te pasa?”. Mostrar interés sin presionar, validar sus emociones y darle un espacio para expresar sus preocupaciones puede facilitar que, poco a poco, acepte recibir ayuda.


La adolescencia no tiene que entenderse únicamente como una etapa de rebeldía. También es un periodo de cambios, construcción de identidad, búsqueda de autonomía y desarrollo emocional. Comprender esta etapa puede ayudar a padres y profesionales para acompañar al adolescente de una manera más respetuosa y efectiva.


Al final, acudir al psicólogo no debería presentarse como una consecuencia de “portarse mal” ni como una señal de debilidad. Puede ser simplemente un espacio de acompañamiento para entender lo que está pasando y aprender nuevas formas de afrontarlo.