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¿Tratar problemas dérmicos con psicología?

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La mente y la piel están muy relacionadas. Enfermedades como el eccema, el vitíligo, el acné o la psoriasis alteran mucho la calidad de vida de los que las padecen. Las relaciones sociales, personales, en el trabajo son más difíciles para estos pacientes. El dermatólogo solo se preocupa por la propia enfermedad, y sus síntomas cutáneos, se pierde la posibilidad de abordar de forma global a la persona que las padece. La psicodermatología responde a los problemas de forma conjunta, entendiendo las conexiones que, todos los aspectos de la vida del paciente repercuten en la enfermedad. Puede haber mayores niveles de ansiedad y depresión y esto dificulta el tratamiento y la buena evolución de las lesiones.

Por otro lado, el estrés en que vivimos inmersos, produce la aparición o empeora muchas enfermedades de la piel. La psicodermatología supone escuchar al paciente para detectar estos problemas e intentar que el tratamiento, no sólo se destine a la curación de la propia patología, sino intenta ayudar al paciente a reconocer qué factores de su vida influyen en su patología para buscar posibles desencadenantes en los diferentes aspectos del día a día. Muchas veces, con el simple hecho de reconocer la influencia que el sistema nervioso tiene en la enfermedad, ya se produce una cierta relajación y esto conduce a mayor aceptación y mejor cumplimiento de los tratamientos. Algunas veces es necesario el apoyo de psicólogos o psiquiatras, sin embargo, en otras ocasiones basta con encontrar un gimnasio, un paseo o un método de relajación diario que ayude a una mayor estabilidad personal.

Cuando el especialista en Dermatología está abierto a la conversación, trata de ser empático y esforzarse por comprender y hacer entender los factores desencadenantes, ayuda mucho al paciente.

Por otro lado, algunas enfermedades mentales se manifiestan en la piel con picores, heridas o tendencia a rascarse o lavarse de forma exagerada. Esto produce lesiones en la piel que pueden ser difíciles de reconocer por parte del dermatólogo y del propio paciente. Estos problemas también se estudian en psicodermatología.

Lo más importante es que, tanto médico como paciente, sean capaces de reconocer la estrecha relación mente-piel, que mantengan una conversación abierta y traten de abordar las enfermedades de la piel en el marco del entorno de la vida.

 

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