La prevención: un desafío central en la atención de los adolescentes
La Atención Integral de los Adolescentes es un área específica dentro de la pediatría que reconoce a la adolescencia como una etapa con necesidades propias. No se trata solo de extender la edad de atención, sino de ofrecer un abordaje integral que contemple el desarrollo físico, emocional y social.
La atención en salud de adolescentes parte de una idea clave: el desarrollo no termina en la infancia. La adolescencia es una etapa más de ese proceso continuo que el pediatra acompaña desde el nacimiento, atravesada por cambios físicos, emocionales y sociales profundos, y con grandes variaciones individuales. Por eso, requiere una atención específica, respetuosa y adaptada a cada adolescente.
¿Qué aspectos del desarrollo se abordan en esta etapa?
El seguimiento del adolescente constituye una oportunidad fundamental para la medicina preventiva. En esta etapa es importante acompañar el desarrollo puberal, observar cómo el adolescente transita los cambios emocionales, cómo se reconfiguran los vínculos familiares y sociales, y revisar hábitos de salud como la alimentación, el descanso, la actividad física y el cumplimiento del calendario de vacunación.
Aunque los adolescentes suelen ser personas sanas desde el punto de vista de las enfermedades, las principales causas de morbimortalidad están relacionadas con conductas de riesgo: consumo de sustancias, accidentes, violencias en todas sus formas y conductas sexuales de riesgo. Muchas de estas situaciones pueden prevenirse si existe un espacio de escucha, información confiable y acompañamiento oportuno. Ese es, precisamente, uno de los grandes retos de la Atención Integral de Adolescentes.
Los desafíos actuales de la atención en adolescencia
Para que la atención sea realmente efectiva, no alcanza con esperar a que el adolescente consulte. Es necesario generar espacios accesibles, garantizar la confidencialidad, respetar la intimidad y adaptar tanto los horarios como el entorno físico de las consultas. Los adolescentes necesitan sentir que son escuchados, que sus preocupaciones son tomadas en serio y que el equipo de salud está preparado para acompañarlos sin juzgar.
Cuando existe un vínculo previo, el pediatra suele ser una figura de referencia. Sin embargo, cuando ese lazo no está construido, la atención se vuelve más compleja dentro de los esquemas tradicionales. Por eso, los dispositivos específicos para adolescentes —en centros de salud, hospitales o incluso en el ámbito escolar— han demostrado ser especialmente eficaces. Mientras estos espacios continúan desarrollándose, resulta fundamental que los equipos pediátricos se formen en esta área y reconozcan el enorme valor preventivo y humano de trabajar con adolescentes.
Acompañar la adolescencia desde la prevención no solo mejora la salud en el presente, sino que impacta directamente en la vida adulta.